0
Susu

Carrito

Susu

Britta, si yo te contara.

By 5 marzo, 2021 No Comments

En realidad creo que te fuiste en el momento perfecto. Hasta en eso acertaste. Pudiste organizar tu funeral como querías.

Fuimos todos tus seres queridos y te despedimos a lo grande. Ahora sería imposible hacer algo así sin infringir la ley.

Contra viento y marea pude acabar mi disco. Estoy contenta de cómo quedó.

Y estaba animada a sacarlo y presentarlo. Tenía energía de sobras para exponerme y mostrarlo al mundo.

Pero nos confinaron y aún seguimos con restricciones de movilidad. Así que sólo cabe esperar a que la situación mejore un poco más.

El mundo que siempre fue de por sí caótico, tras tu muerte, se complicó aún más si cabe. Sucedió algo propio de una película de ciencia ficción.

Cuando lo pienso casi no puedo ni creerlo; un virus se escapó de un laboratorio en la ciudad de Wuhan, en China.

Pero en vez de dar la voz de alarma rápidamente, se callaron y el virus se expandió por el mundo entero.

Me recordó un poco a la tragedia de Chernóbil en el sentido de que todos querían quedar bien en vez de decir lo que de verdad estaba sucediendo.

Tanto los distintos gobiernos como la OMS se comportaron de forma irresponsable.

Pero probablemente, como ocurrió con el desastre de Chernóbil, lo que de verdad pasó en Wuhan no lo sabremos hasta dentro de unos años.

Entonces alguien hará un documental y tendremos por fin todas las piezas del puzzle.

Yo sólo puedo contarte lo que creo pero te diré que incluso estaría dispuesta a renunciar a lo que creo por conocer la verdad de los hechos que es lo que en definitiva importa.

Britta, recuerdo que tu pasabas bastante de internet. Llegaste a quejarte de cuánta basura se puede encontrar en el mundo digital.

Pero también hay que reconocer que nos permite comunicarnos con gente que está lejos, sin filtros gubernamentales de tipo alguno.

Así que, utilizando bien la herramienta, si personas de todas partes del mundo podemos comunicarnos al instante y sin censura, también a veces puedes hallar algo de verdad.

Yo que navego desde hace tiempo y trato de ir con cuidado empecé a recibir por Instagram vídeos que mostraban imágenes de ciudadanos chinos que estaban muy enfermos.

Hablo de primeros de febrero de 2020, aproximadamente.

Al principio no se sabía qué era lo que sucedía pero al poco tiempo algunos médicos chinos que después fueron tildados de traidores y sancionados confirmaron que se trataba de una neumonía muy atípica.

Lo sorprendente es que hay voces que confirman que los primeros casos de esas neumonías datan de noviembre del 2019 y que la OMS era conocedora de su existencia.

¿Por qué no dijeron nada? ¿Por qué no avisaron a tiempo?

En aquellas imágenes se veía cómo algunas personas se caían literalmente al suelo de lo mal que estaban.

Britta, era terrible, de verdad, parecía una película de esas apocalípticas que vemos los sábados por la tarde haciendo la siesta. Tenían que recoger los cuerpos de las calles.

Al cabo de unos días la gente empezó a colapsar los hospitales. Los propios chinos lo retransmitieron al mundo.

Muchos de esos periodistas o YouTubers hoy han desaparecido y se cree que podrían estar en la cárcel.

Ahora es imposible acceder a esos vídeos. No hay rastro de ellos en internet.

Como nadie le dio la importancia que merecía, no se atrevieron a cerrar fronteras y el virus se expandió por todas partes como la pólvora.

Cuando la OMS declaró el estado de Pandemia y el Gobierno Chino blindó su territorio ya fue demasiado tarde.

Espero que algún día sepamos qué pasó exactamente, por qué tardaron tanto en avisar de lo que estaba sucediendo.

Yo no conocía la importancia comercial de la ciudad de Wuhan y los cientos de vuelos que la conectaban con el mundo entero.

Tampoco sabía que en esa misma ciudad había un importante laboratorio especializado en Coronavirus.

El virus que, logicamente, ya había viajado en avión a todas partes de forma imparable se llamó Sars-Cov-2 y la enfermedad que causaba, la Covid-19.

En el mundo entero se contabilizan ya más de dos millones de muertes.

En Italia causó estragos. Ahí fue cuando tuve claro que en poco tiempo nos alcanzaría también a nosotros en España.

Ya sé que tú adorabas China, Britta, pero no precisamente por la transparencia de su Gobierno. Tengo que decir que se han comportado como auténticos necios. Ocultando todas la pruebas y señalando con el dedo a los demás. Y encima ahora tratan de hacernos creer que fuimos nosotros los responsables. Parece que las vidas de las personas no importan y que sólo les interesa mantener las apariencias.

En Italia, los médicos dieron la voz de alarma. Las UCIs estaban abarrotadas. No había espacio suficiente y muchos enfermos llenaban los pasillos.

La gente se moría en la más estricta soledad. Muchos encerrados en las habitaciones de las residencias, incluso en sus propias casas.

Era de una tristeza infinita y cuando algunos de nosotros lo entendimos nos dimos cuenta de la gravedad de la situación.

No sólo era el virus y los estragos que causaba, también era el aislamiento y la soledad que suponía.

Muchos familiares veían cómo sus allegados entraban en el hospital y al cabo de unos días recibían las urnas con sus cenizas, sin más.

Al principio no permitían ni ir siquiera al tanatorio. Ahora se puede ir en petite comité, con mascarilla y manteniendo las medidas.

El virus era muy contagioso y especialmente letal en grupos de riesgo y personas mayores.

Afortunadamente también mucha gente se salva. Menos mal que a los niños casi no les afecta. Si no, hubiera sido absolutamente insoportable.

Se dijo que tampoco afectaba a los jóvenes pero hubo todo tipo de casos. Generalmente no presentaban grandes complicaciones pero lo más preocupante es que sí podían transmitirlo.

A partir de cuarenta para arriba y en función de los caprichos del sistema inmune de cada quien la cosa podía ponerse realmente fea. Conocemos casos de gente de nuestra edad que lo pasó fatal.

Nos confinaron durante muchos meses y ahí, por unas semanas, parecía que todos remábamos en la misma dirección.

Muchas empresas no tuvieron más remedio que poner a sus trabajadores en erte. La gente aplaudía por las noches el esfuerzo de los sanitarios. Eso fue durante la primera ola.

La sociedad se unió frente al virus. Luego todo cambió.

El problema fue que cuando creímos haberlo vencido, calculamos mal nuestras fuerzas y la desescalada se hizo demasiado rápido con el propósito de reactivar el turismo durante el verano.

Sabes cómo somos aquí, nos gusta mucho salir y la gente se desboca fácilmente. Muchos actuaban como si no hubiera pasado nada.

Y Britta, ya me conoces, yo no daba crédito. Gente de fiesta entrando y saliendo del país sin medida alguna. Así fue como entramos en una segunda ola que sembró también miles de muertes.

Ahora ya vamos por la tercera y parece que, casi con total garantía, se espera una cuarta.

Llevamos ya un año así y sólo en nuestro país han muerto un total de 100 mil personas, aunque las cifras nunca quedan del todo claras.

Cada uno cuenta como más le conviene.

Ya no se aplaude a los sanitarios, más bien se les responsabiliza del mal económico que sufren muchas personas. Como si ellos se lo hubieran inventado todo.

Se puso en una balanza la salud o la economía y, por supuesto, ganó la economía.

Muchos insistíamos en que ambas iban unidas y éramos más partidarios de erradicar el virus en vez de convivir con él. Es decir, aplicar medidas más drásticas y contundentes por menor espacio de tiempo.

Pero la gente se cansó. El negacionismo a destiempo de muchos artistas, los bulos de internet, las contradicciones del Gobierno.

En fin, una gran parte de la población se ha instalado en la queja, el orgullo y el miedo y no hay manera de avanzar.

Con la consecuente pérdida económica que supone seguir conviviendo con un virus que lejos de desaparecer va mutando.

Muchos negocios tuvieron que cerrar. Hay muchísimos trabajadores afectados. Hay restricciones de movilidad y toque de queda.

Ayer, la cifra de fallecidos había descendido a doscientos cincuenta. Hoy sin embargo hablan de más de seiscientos en las últimas 24h.

Ha muerto tanta gente que menos de trescientos al día ya nos parece un buen dato.

El Gobierno hace lo que puede teniendo en cuenta que le ha tocado una asignatura imposible de aprobar pero hay que reconocer que ha metido la pata unas cuantas veces:

Cerraron los parques cuando en realidad eran el lugar más seguro posible. Dijeron que las mascarillas no eran necesarias y luego las impusieron. Nunca se pusieron serios ni con el rastreo, ni con las restricciones en estaciones y aeropuertos así que por más esfuerzo que hiciéramos, el virus seguía siempre circulando. Los datos de las cifras también los daban siempre a la baja cuando todos sabemos que los datos de defunciones según el MoMo hablaban de un excedente de mortalidad muy superior.

Y al final los ciudadanos, desilusionados, hartos y temerosos de perder sus trabajos optan por no creerse nada, criticarlo todo y tirar por la tangente. Nada les parece bien pero tampoco tienen un plan mejor.

A los que el virus ha tocado de cerca no les queda duda alguna de que la pandemia es real y de que aún hay que luchar por mantener unas medidas de control.

Sin embargo, la gente que no se ha contagiado o lo ha hecho de forma leve y se ha visto afectada en lo económico ha empezado a rebelarse.

Especialmente los jóvenes. La situación política no ayuda nada y los jóvenes están utilizando cualquier excusa para mostrar su rabia.

Comprendo que estén rabiosos pero desde la rabia no llegaremos a ningún lugar fructífero.

Además, los vecinos no tenemos la culpa de lo que está sucediendo ni a nivel político ni a nivel sanitario.

Algunos políticos independentistas se aprovechan del caos imperante para alentar el descontento y la violencia.

Britta, Barcelona ya no es ni de lejos la que era. Recuerdo cómo te gustaba venir a pasar unos días aquí.

Estaremos en lo bueno y en lo malo pero reconozco que a veces me entran ganas de irme.

En los últimos días hemos sido testigos de actos vandálicos graves.

Tengo que darte una buena noticia, menos mal y es que la ciencia ha hecho lo imposible y ya tenemos vacunas. Así que vemos la luz al final del túnel.

El problema es que no todos los países tienen igual acceso a las vacunas y que en nuestro país, por ejemplo, el sistema va más lento que una tortuga artrítica.

Y mientras la tortuga se arrastra como puede han ido surgiendo hasta siete cepas distintas del mismo virus. Una de ellas quedaría fuera de la inmunidad que proporcionan estas vacunas.

Así que, o se espabilan o estas vacunas serán dinero tirado por el váter.

Además, muchos ciudadanos no piensan ni vacunarse. Dicen que a través de las vacunas les quieren inyectar no se qué microchips para controlar sus vidas.

Entiendo que en estas circunstancias es fácil perder la medida de las cosas. Hay muchas incógnitas por desvelar y en parte comprendo que la gente se monte sus películas.

En fin, Britta, una locura!

No he dejado de leer y escribir.  Y estoy dando clases de yoga tal y como me pediste.

Trato de mantener el equilibrio que no es poca cosa.

Estoy al corriente de todo lo que ha sucedido en primera línea por mis primas enfermeras y doctoras. Afortunadamente ellas ya están vacunadas.

Los mayores de la familia también. Eso me tranquiliza y doy muchas gracias a la vida. Por ahora parece que nos hemos librado.

Por cierto, conocí a Daniela y a Efrén. Me encantaron.

Te echo de menos.

S